miércoles, 6 de enero de 2010

Educación del gusto

Slow Food trata de crear un vínculo fuerte entre la comida, la tierra y los hombres a través de sus actividades de educación. La educación gira en torno al concepto del gusto y del placer de la comida, proponiendo a los socios y a la escuela cursos didácticos innovadores basados en el descubrimiento de la comida a través de los sentidos, que estimulan la curiosidad y la degustación, contraponiéndose al modelo nutricionista centrado en aquello que se debe o no se debe comer. Se trata de un modelo deductivo en armonía con el propio placer, al cual se une la sensibilidad ecológica y el conocimiento (de las cadenas de producción y de los terruños). Pero es también un modo de dar voz y un justo reconocimiento a quien produce alimentos con respeto por el ambiente, la cultura y las generaciones futuras. Slow Food promueve, en suma, la evolución del consumidor hacia la figura de coproductor, un sujeto que no “consume” sino que juega un papel activo y consciente. Los cursos didácticos que se proponen experimentan con diversos lenguajes: la narración, el teatro, el cine, la degustación y la práctica (del huerto a la cocina).

Además, Slow Food considera el aprendizaje como un proceso recíproco –un grupo de personas que comparten conocimientos –y que se propone ayudar a otros a comprender mejor de dónde viene la comida, cómo es producida y por quién. Este es el motivo de que muchos proyectos didácticos se desarrollen mediante la creación de una “comunidad de aprendizaje”, reuniendo a personas con diferentes competencias (padres, agricultores, dietólogos, maestros, consejeros comunales, cocineros, por ejemplo), que unidas pueden orientar sobre las decisiones alimentarias cotidianas mejores, conscientes y responsables. Mientras en algunos países existe una extensa red de Slow Food comprometida desde hace años con la educación, en algunos casos habiendo aun ya desarrollado un programa nacional, otras regiones están todavía en una fase inicial, con pocos convivium que, lentamente pero de forma creativa, integran la educación entre sus actividades. Slow Food, desde Uganda hasta Canadá pasando por Italia, está desarrollando actividades didácticas innovadoras en todo el mundo.

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